Doctor PERCY ZAPATA MENDO, Casa Grande Perú

AUTOBIOGRAFIA

Naci un domingo 11 de enero del año 1970, a las 11:30 de la mañana. Soy el último de seis hermanos (Augusto, César, Jaime, Carmen y Julio), de los cuales solo sobrevivimos cuatro, habiendo fallecido los dos mayores. Mi mamá Rita, de 38 años de edad fue asistida en su parto por cuatro veteranos médicos en el Hospital de la Empresa Azucarera Casa Grande, empresa que ostentaba por ese entonces el titulo de Privada, para optar posteriormente por el de Cooperativa Azucarera Limitada. El parto de mi madre fue calificado de alto riesgo, dada su edad y por que el anterior parto que tuvo fue diez años antes, he allí los motivos de la presencia de tal número de galenos.

Al nacer, fui recibido en brazos de mi madrina Jesús, esposa de mi padrino Segundo, por el cual llevo mi primer nombre; padres de Percy, del cual herede mi segundo nombre. Tengo que resaltar que mi madrina inicial iba a ser la hermana de mi madrina Jesús, de nombre Marina, pero dada la lejanía de su residencia se prefirió por la que vivía en Casa Grande quien gustosa acepto la elección. Al ser llevado a la luz de la ventana por mi madrina Jesús para poder apreciarme – y asegurarse creo yo que no tuviera algún defecto corporal – manifestó en un tono que no pasó desapercibido para cuantos la rodeaban: “Hijito mío, naciste libre, libre”, expresión en alusión a la reciente expulsión de los alemanes, dueños de la Empresa Casa Grande, por parte del gobierno militar de Juan Velazco Alvarado.

Tuve una infancia accidentada, pues padecí de las enfermedades comunes de la niñez, solo que de mayor severidad debido a mi débil constitución física; por lo que era un asiduo concurrente del viejo Hospital Cooperativo, donde las preparaciones medicamentosas, ungüentos, jarabes, supositorios, enemas e inyecciones se asimilaron a mi cotidiano discurrir. Los medicamentos me hacían padecer por su sabor o dolor al serme administrados, pero los ingería o permitía su aplicación con resignación, pues intuía que era la única manera de estar incorporado sin malestar fuera de mi lecho por algún tiempo y apoltronarme en una butaca para ver a Yola Polastri en la vieja televisión de bulbos que se recalentaban cada quince minutos y que motivaban estarla apagando constantemente para evitar que se malograra de manera definitiva.

Hice dos años de jardín, pues en esa época el Supremo Gobierno Militar dictaminó que ningún niño debía de ingresar a cursar el primer grado de instrucción inicial sino tenia seis años de edad cumplidos al momento de matricularse. Tuve la fortuna de tener como profesora a la señorita Carmen, joven profesora trujillana que consagro su soltería al cuidado de nosotros, “sus niños”.

Ingresé a estudiar en el Centro Educativo Particular “Jorge Chávez”, de Casa Grande, entidad con la cual inicie y concluí a la vez mis estudios primarios y secundarios. Su Director, Alberto Chávez Cabrera tuvo la acertada decisión de contratar a un personal docente de lujo por esa época, y al igual que muchos de mis condiscípulos, pude recibir una instrucción más que aceptable. Los problemas de salud casi se ausentaron durante la educación secundaria, durante estos años que coincidieron con el Gobierno de Fernando Belaunde Terry, apareció el terrorismo en Ayacucho, expandiéndose rápidamente por todo el Perú, además se presentaron después de casi cincuenta años escaramuzas bélicas con el Ecuador. Desempeñé durante casi todos mis años de estudio algún cargo administrativo o de jerarquía cuasi militarizada de salón, como lo son jefe de aseo, secretario, tesorero, fiscal, vicepresidente, presidente, subrigadier, brigadier y escolta titular de honor.

Fui Premio de Excelencia y postulé con otros estudiantes de todo el país por dos vacantes en Medicina de la Universidad Nacional de Trujillo, mi inexperiencia y exceso de confianza jugaron en mi contra en relación con otros veteranos y recorridos postulantes de “n” academias trujillanas; fuimos algo más de doscientos cincuenta postulantes y quede en el puesto cuarentavo, más que menos. Ante este resultado, mis padres hicieron un esfuerzo y me matricularon en la Academia “Miguel Grau”, donde hice tres ciclos académicos. Postulé nuevamente en la categoría de “ordinario” – adjetivo que considero discriminatorio- y para mala fortuna mía, para esa evaluación trajeron un lector electrónico del Brasil para la calificación de los exámenes. Hubo un bajón en el fluido eléctrico en toda la ciudad de Trujillo y la bendita – o maldita según sea el caso para los favorecidos o desventurados como yo - máquina resintió esta falencia y califico erróneamente los exámenes. Al publicar los resultados dados por la dichosa computadora, los postulantes que tenían pocas esperanzas de ingresar salieron con altísimos puntajes, y viceversa con los más capacitados. Se anularon los exámenes. Concurrí a las marchas de protesta para que retomaran el examen, se inicio un litigio que casi tres años, tiempo que aproveche para estudiar en el Instituto “Chan Chan” de Trujillo la carrera de Laboratorio Clínico Y Microbiológico, la misma profesión de mi hermano Jaime. Gracias a Dios siempre supe corresponder al esfuerzo de mi familia ocupando los primeros puestos.

Se realizó nuevamente el examen de admisión en la Universidad el año 1990, postulé casi sin esperanzas, pues por espacio de dos y medio años había estado alejado de los conocimientos generales que se imparten en las academias y me hice la idea que no iba a ingresar, que mi presencia en el examen era solo un saludo a la bandera, además que el numero de postulantes para medicina era exorbitante dado que se habían acumulado tres promociones de secundaria a nivel departamental y las vacantes solo ciento veinte. El día del examen por la noche escuché los resultados y me di con la sorpresa que era uno de los ingresantes, para alegría de mi familia y tristeza de mis condiscípulos de instituto, amigos a los cuales ya no vería más al abandonar la carrera de laboratorio.

Estudiar medicina no fue fácil, no solo por el esfuerzo intelectual y de tiempo que demandaba la carrera, sino por la estrechez de los recursos económicos en una profesión que a pesar de ser costeada por el estado, era onerosa en extremo por los materiales de estudio. Eran postrimerías del primer gobierno aprista y estábamos al inicio del primer gobierno de Alberto Fujimori, este para reactivar la muy alicaída economía peruana realizo un shock económico que devaluó casi en un millón por ciento la moneda, y con ello, los sueldos de los trabajadores. La empresa donde trabajaba mi papá César como maestro jefe mecánico tornero estaba en un continuo ir y venir de autogolpes administrativos, cuyos desgobiernos canibalescos hundieron aun más la economía de los hogares casagrandinos. Pasé un sinnúmero de peripecias para evadir las levas organizadas por el ejercito (mi libreta militar había sido hecha pedazos por unos soldados desesperados por cumplir con la “cuota de levados”) y cuyo destino eran las zonas de emergencia dominadas por el grupo terrorista Sendero Luminoso de Abimael Guzmán Reynoso.

Fui un más que regular alumno de medicina, mis practicas pre profesionales decidí realizarlas en el Hospital Belén de Trujillo, la elección fue por el volumen y variedad de casos clínicos comparado con los otros nosocomios locales. El año 2000 hice mi SERUM (servicio rural urbano marginal) en la Posta de Es Salud de Cartavio. En base a mis meritos fui nombrado jefe de las Postas médicas de Magdalena de Cao, Chicama y Sausal aparte de la de Cartavio. Con el apoyo decidido de la asociación de jubilados de Cartavio logramos que la Gerencia Departamental de Es Salud construyera una moderna Posta Medica en el local Institucional de los Jubilados y con una bien surtida farmacia con medicamentos comerciales.

Terminé mi SERUM con una afección dermatológica del tipo alérgico no contagiosa, la cual demandó un tratamiento por espacio de año y medio por parte de los mejores especialistas del norte peruano, desafortunadamente con resultados negativos. A instancias de mi familia, me reforzaron la fe en mis conocimientos y tras tres meses de auto terapia médica intensiva y dietas por parte de mi madre, pude controlar la enfermedad. Actualmente aun presento algunas de dichas manifestaciones cutáneas esporádicas desencadenadas por la ingesta de ciertos alimentos o por estrés. La alegría que experimenté por recuperar mi calidad de vida no duró mucho pues al poco de controlarse mi alergia en la piel, ésta vez se aposento en mi como una maldición una afección gastrointestinal: el colon irritable o síndrome de intestino irritable o trastorno digestivo funcional, como se le conoce actualmente, enfermedad incurable y crónica de naturaleza desconocida y exacerbada a situaciones de estrés, no es mortal aunque sí exasperante por los síntomas y signos, el tratamiento medico es limitado a nivel mundial y solo se prescribe sintomáticos. Ésta desafortunada enfermedad reta cada día mi paciencia y tolerancia para el dolor, pero debo ser consecuente y reconocer que mi vida no seria tal si el altísimo no me estuviera ayudando a adaptarme a esta patología y que no domine en lo posible mi pensamiento y obrar diario.

Empecé a ejercer la práctica particular en mi tierra natal Casa Grande, me asocie con un farmacéutico y un laboratorista y fundamos “Consorcio de Salud Grau”, negocio fructífero que para el año 2003 contaba con dos sucursales y en potencial expansión a otras dos ciudades locales principales. Desafortunadamente tuve algunas diferencias con mis socios y opte por abandonar el consorcio. Al salir tuve que empezar de cero, puesto que no tenía local donde atender. Mis padres me proporcionaron un local, el cual aun conservo por gracia de ellos, mis hermanos y sobrinos: Mario, Cecilia y Junior, me apoyaron en el acondicionamiento del nuevo local, además de contar con la valiosa ayuda de mi a la postre esposa Erika Paredes Alcántara, madre de mí adorada hija Jomayra. Fueron meses aciagos pues en ocasiones solo tenia un paciente por semana. Gracias a Dios poco a poco, con el apoyo de mi entorno familiar, pude salir del trance y granjearme nueva clientela, estado en el cual aun estoy a pesar de los periodos económicos altibajos que caracterizan a nuestro país.

Me siento alegre y bendecido por todo lo que tengo, cuento con el cariño y dirección de mis padres, el apoyo de mis hermanos y sobrinos, el entrega de mi esposa , el amor de mi hija, y la aceptación de mis padres políticos Eusebio y Esperanza. Definitivamente Dios nunca olvida a sus hijos aun cuando estos sean tan ingratos como yo. ¡Gracias Dios mío por todo lo que haces por mi y los míos!

Casa Grande, 24 de Setiembre de 2009.

2 comentarios:

albuna93 dijo...

hola ps Perci te saluda tu amigo Alfredo Burgos Navarrete te felicito por lograr tus metas trazadas, yo me encuentro por Lima tengo una familia con 3 hijas 14, 4 y 2 años ojala nos encontremos algun dia mi fono es 981274054

Unknown dijo...

Hola amigo, te saluda Martín Quijano Rojas de Chimbote, compañero de promoción de la facultad de medicina, deseo que tengas más éxitos amigo. Yo aquí en Chimbote. También tengo un consultorio medico particular, mi celular es 943520114.

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